Aimar: 15 minutos 15 años después

En el fútbol hay momentos complicados como cuando los jugadores que veías empiezan a regresar a sus clubes de origen. Aquellos “ojalá algún día me retire en tal equipo” que entonces eran lejanos ahora están ahí, y encima los ves por youtube, que en esos días aún era un lugar sin skills & goals. El último en protagonizar esta vuelta a casa ha sido Pablo Aimar, el payaso.

En mi imaginario particular, Aimar era el argentino flaquito y de apariencia frágil que destilaba magia en el Valencia industrial de Benítez, con Carew, Oliveira o Juan Sánchez por delante y los inmortales Albelda y Baraja por detrás. De mediapunta, sin llevar el 10 pese a portar varios números a lo largo de su paso por Mestalla. Su calidad no pasó desapercibida y estaba citado en el primer plan maestro de Laporta que llevaba por nombre Triple A y reunía en una especie de Vengadores a Ayala, Albelda y Aimar. Pero los tres se quedaron en la capital del Turia y fueron la columna vertebral de un Valencia que ganó dos Ligas, la segunda haciendo doblete con la UEFA de 2004 (y una Supercopa de Europa) en un año que la federación de numeritos le reconoció como el mejor equipo del mundo. En esas tardes cuajó su figura como ídolo de Messi.

¡Vamos Pablito Aimar
que la gloria volverá
como Kempes y el Piojo
otro pibe inmortal!

Mientras Leo asomaba en el Camp Nou de forma más que esporádica, Pablo encaraba su última gran temporada en España: Víctor Fernández le fichó para el Zaragoza, donde compartió vestuario con los hermanos Milito y su ex compañero D’Alessandro. Aguantó dos ejercicios: el primero fue un éxito alcanzando plaza para la UEFA pero el segundo fue un desastre pese a los caros refuerzos y el descenso se consumó con carrusel de entrenadores incluido. Sus siguientes paradas fueron Portugal (títulos en el Benfica lejos de mi universo futbolero televisado) y -sorpresa- Malasia, donde también estaba Lucho Figueroa (el mundo es un pañuelo). A River volvió como regalo navideño catorce años después de salir de Argentina, fue operado en febrero y anoche volvió a jugar cuatro meses más tarde sustituyendo a Pisculichi (el mundo es un pañuelo II).

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La noche en el Monumental fue para el recuerdo de los millonarios. River con un partido recortó tres puntos al líder Rosario Central y arrebató la segunda plaza a Boca, al que ya dejó fuera de la Libertadores hace un par de semanas, y recuperó a un hijo que la hinchada idolatra como se vio y oyó cuando saltó a calentar y cada vez que tocaba el balón. En el instante de salir, la televisión recordaba que jugó su último partido con River el 17 de diciembre de 2000 tras cuatro años vistiendo la camiseta de la banda cruzada: 112 partidos, 26 goles. Los minutos de Aimar coincidieron con un arreón de Rosario Central que buscaba el empate pero dejó detalles que recuerdan que el físico puede sufrir lesiones pero su imaginación y clase siguen intactas. De todos modos, su felicidad ya era inmensa porque no necesitará contar a sus hijos que jugó en River, ya le vieron hacerlo.

Fotos: Alejandro Del Bosco | El Gráfico

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