Mafia, putas y magia

La mafia roza cualquier asunto en Italia, incluido el fútbol. En noviembre de 1977, Bruno Giordano era un chico de 21 años del Trastevere que cumplía su tercera temporada como jugador de la Lazio, club en el que entró con apenas 13 años por recomendación de Enrique Flamini, ex jugador de la entidad romanaParalelamente, un grupo de desarrapados de barrios como el Trastevere o Testaccio, que “eran entonces una especie de Bronx” según definió el periodista Iñigo Domínguez, se juntan para formar una sociedad que intentará controlar el crimen organizado de la Ciudad Eterna. Secuestran al duque Massimiliano Grazioli Lante della Rovere y, pese a matarlo, acaban cobrando un rescate millonario que utilizarán como capital social de la nueva Banda de la Magliana; no hace falta añadir que lograrán sus objetivos estableciendo alianzas con la mafia siciliana, los servicios secretos italianos y quien haga falta, pero los costes dejarán a muy pocos en pie. Ni los capos ni el goleador esperan compartir nada.

Sabrina Minardi es una joven trasteverina que aspira a ser actriz pero, aprovechando su belleza, desembarca en el mundo de la prostitución de lujo. En uno de sus servicios, conoce a Bruno Giordano, estrella nacional surgida de su mismo barrio. Se enamoran y se casan en junio de 1979, él está a punto de cumplir los 23 y ella tiene 19. Cuando nace su hija Valentina dos años después, ese matrimonio ya está próximo a su final. Después de su primer verano como casado empieza una temporada negra para el fútbol italiano después de que en marzo de 1980 se registre una denuncia por estafa: futbolistas de primer nivel recibieron grandes cantidades a cambio de alterar unos resultados que no fueron alterados, entre ellos estaba Bruno Giordano. El avance del caso dejó sanciones que finalmente fueron paliándose, y el marido de Minardi cumplió dos años antes de que le fuera perdonado el tercero. Parecía que 1982 le iba a permitir a Giordano Bruno volver a la normalidad, pero se acercaba el estacazo final a su relación con Sabrina por parte de una Banda cuya sombra ya había sobrevolado en el caso totonero.

Valentina Bruno, relató al Corriere della Sera que su madre era “muy celosa”, intuyo que no sin razón porque “siempre veía a mi padre -cuenta Valentina- al lado de actrices famosas en las portadas de periódicos”, precisamente la profesión frustrada de Sabrina. Y si él se iba con actrices consumadas, ella cambiaría al jugador que trapichea sobornos por un mafioso de verdad. El cortejo fue en La Cabala, un piano bar de la Piazza Navona. Sabrina recibió un ramo de rosas y una botella de champán de un pretendiente que se presentaría luego como un empresario que gestiona la cadena de supermercados SMA, sin embargo, el seductor es Enrico de Pedis, llamado Renatino, y es el capo de la Banda de la Magliana que mejor está evitando la caída a los infiernos que hunde paulatinamente a sus compañeros. Ella le cree o le finge creer, “me trataba como a una niña, me llevó a la sauna del Grand Hotel, vivíamos como en la película El Padrino. Me hizo mil regalos, maletas de Louis Vuitton llenas de billetes de 100.000 liras, me decía que gastara todo, ‘si vuelves a casa sin haberlos gastado no te abro la puerta'”. La semana de pasión duró dos años, hasta que Enrico de Pedis fue detenido en noviembre de 1984 y ya no hay forma de maquillar su forma de vida.

Mientras tanto, Giordano había tenido varias ofertas para cambiar de equipo en cuanto pudiera volver a jugar ya que la Lazio militaba en la Serie B por sanción, sin embargo, rechazó las llamadas de Udinese, Fiorentina e incluso la Roma. En verano del 82, después de que otro implicado como Paolo Rossi liderara a la selección italiana al Mundial tras meses inactivo, Giordano Bruno lideró con 18 goles la vuelta de los aquilotti a la Serie A, pero la mala fortuna le volvió a dejar fuera de juego en la temporada siguiente con una lesión de siete meses a los treinta segundos de pisar el césped. Mientras De Pedis era detenido, Bruno encaraba la última temporada como jugador de la Lazio. A partir del verano siguiente seguiría con una camiseta celeste pero firmando goles para el Nápoles tras desavenencias con Long John Chinaglia, presidente y leyenda de la Lazio.

Los napolitanos estaban entregados al Dios Maradona, solo había llegado un año antes pero el pelusa lideraba al Nápoles contra el mundo. Si bien San Paolo permitió a Bruno recuperar prestigio jugando junto al argentino, no pudo separarse totalmente del mundo mafioso. Maradona continuó sus desfases nocturnos junto a quien le aguantara el ritmo, como Lovigino -de I love [Luigi] Giuliano– en su época de capo de Forcella antes de terminar convirtiéndose en colaborador de la justicia. Pese a todo en la segunda campaña de Bruno consiguieron ganar el primer Scudetto para el club y redondearon la temporada con la Coppa.

Nápoles se entregó aún más a su ídolo cuando el Milan bajó desde el todopoderoso norte para llevarse a Diego, pero el argentino, orgulloso, renovó con el Nápoles y el club firmó al brasileño Careca, que pasó de los treinta goles en Sao Paulo en los dos años anteriores. Los tres atacantes del equipo formaron la delantera MáGiCa jugando con las primeras sílabas de cada nombre y repitiendo Scudetto a base de goles y clase. Fue el último año de Giordano en Nápoles, para cerrar su carrera se fue a Ascoli, donde se había lesionado cuatro años atrás. Como jugador del club partenopeo no pasó de los 10 goles en ninguna temporada pero Diego Armando Maradona le calificó como uno de los mejores delanteros de la historia del fútbol, y recientemente en una entrevista Giordano devolvió las afectuosas palabras recordando su propia infancia en ese bronx italiano que era el Trastevere y pensando en ese “barrio privado, privado de agua, luz…” del que hablaba Maradona: “una persona muy agradable, que no ha vivido su juventud como los demás. Después de haber sido un fenómeno desde la infancia, siempre ha tenido que gestionar una presión fuera de lo común. “Era el jugador del pueblo, un poco” el Robin Hood de la pelota. Incluso hoy en día a menudo va en contra de los poderes fácticos, porque para él lo más importante es hacer feliz a la gente”.

Maradona-Giordano-Careca

Cuando Giordano anunció su retirada como jugador en 1992, Sabrina ya llevaba años escondida y Enrico de Pedis dos años asesinado y enterrado en la basílica de Sant’Apollinare; en palabras del célebre Giulio Andreotti, “quizá De Pedis no ha sido un benefactor para la humanidad, pero desde luego ha sido un gran benefactor para Sant’Apollinare”. Desde su ruptura, Giordano pudo rehacer su vida, volver a casarse y tener hijos, siguió pisando los campos aunque como entrenador de equipos más modestos; llegó a dirigir en Serie A, pero en febrero de este 2014 fue destituido como entrenador del Ascoli  en el tercer escalón italiano. También tuvo etapas como comentarista de televisión, el mismo medio de comunicación en el que apareció hace ocho años una señora llamada Sabrina Minardi para hablar de sus secretos de sus tiempos como señora del Renatino ya rehabilitada de sus años de excesos; poco después publicó Secreto Criminal, la verdadera historia de la banda de la Magliana -junto a la periodista Raffaella Notariale- como respuesta a Romanzo Criminale, la excelente novela de la historia -ficcionada- de la banda publicada por el juez Giancarlo de Cataldo.

La muerte y vida de Enrico de Pedis sigue envuelta en misterios sobre su participación en muchos casos, como el de Emanuela Orlandi. Sabrina Minardi aún arrastra secretos y vivencias al lado de la organización criminal de De Pedis. De toda esta convergencia de vidas, parece que solo Bruno Giordano pudo dejar atrás esos años de excesos, aunque solo fuera porque el amaño de partidos no es mucho al lado de la actividad criminal de la Magliana.

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